Hombre sentado en un sofá con expresión pensativa.

Sentir culpa por descansar: por qué ocurre y cómo aprender a parar

Descansar es una necesidad básica, al igual que comer, dormir o relacionarnos. Pero para muchas personas no resulta algo tan sencillo de hacer. De hecho, sentir culpa por descansar es más frecuente de lo que parece. Cuando descansan y no hay nada que tengan programado hacer, vienen sensaciones incómodas, casi como que empujan a que hagan algo, no saben el qué, pero algo. De esta forma, incluso en momentos que deberían ser de paz y tranquilidad, nuestra cabeza sigue funcionando y exigiendo que hagamos “algo”.

Pero, ¿por qué ocurre esto?

La trampa de la productividad constante y la culpa por descansar

Vivimos en una cultura -en un mundo- donde en todos los espacios sociales, laborales, familiares, está implícita una idea principal de productividad. No nos presentamos como “soy Gonzalo y me gusta mucho la música”, sino como “soy Gonzalo, psicólogo”. Es decir, nos definimos según nuestro puesto de trabajo, como dejando de lado cosas menos importantes como nuestras aficiones, nuestra forma de ser o nuestras aspiraciones o sueños.

Desde pequeños nos basamos en objetivos, en “hacer algo con nuestra vida”, donde el descanso se traduce a la pereza, a que nos da igual todo, a que estamos perdiendo el tiempo. Ahora, como adultos, hemos integrado esta idea y vivimos con un alto nivel de autoexigencia, presionándonos constantemente para ser productivos. Como Byung-Chul Han describe en su Sociedad del cansancio, ya no hace falta una imposición externa (jefes, personas de autoridad), sino que somos nosotras mismas las que nos presionamos como si tuviéramos a un entrenador con nosotras mismas todo el tiempo.

¿Cómo no vamos a sentirnos ansiosas, deprimidas o cansadas si no podemos llegar a todo y creemos que “tenemos” que hacerlo?

Nos habla una voz que no diferencia entre el esfuerzo necesario y la autoexigencia excesiva, ahora lo necesario, lo mínimo, es no permitirnos momentos de relajación, de descanso. Y aparece justamente cuando te estás dando un espacio importante para ti, para parar, ser consciente que es una necesidad para ti el permitirte, simplemente, no hacer nada.

Qué significa realmente descansar

Descansar no es dormir, al menos no es solamente eso, sino que pueden ser muchas actividades diferentes, todo depende de lo que necesites en cada momento. Si has estado mirando todo el día el ordenador por estar estudiando o trabajar en una oficina, quizá puedas necesitar desconectar un rato de esas actividades y tomar el aire. Comprender qué es realmente descansar también puede ayudar a reducir la culpa que muchas personas sienten al permitirse parar.

Muchas veces, el concepto que tenemos de descansar es mirar el móvil durante mucho rato, ver pelis sin parar o ir de red social en red social de forma automática. Pero al terminar de “descansar”, nos notamos mucho más cansados que antes.

Aunque estas actividades puedan entenderse como relajantes, no siempre cumplen esa función. El verdadero descanso implica una “desconexión” de las cosas que están ocurriendo durante el día; alejarnos un poco de todos los estímulos diarios que acaban por saturarnos.

¿Por qué sentimos culpa por descansar?

La culpa por descansar no aparece por casualidad. Aquella voz que aparece y nos hace sentir culpa está ligada a creencias como:

• «Si no soy productivo, estoy perdiendo el tiempo»

• «Siempre podría estar haciendo algo más útil»

• «Descansaré cuando haya terminado todo»

El problema es que ese «todo» nunca se acaba, siempre queda algo más que hacer, algo incluso que podemos idear o crear nosotros mismos que «tengamos» que lograr. Siempre hay algo pendiente, algo mejorable, algo que podríamos adelantar.

Cuando el valor personal depende de hacer

Una de las razones más comunes por las que nos cuesta descansar es la vinculación de nuestro valor personal a la cantidad de cosas que hacemos. Sentimos que somos mejores o más si hacemos más cosas y si esas cosas son deseables socialmente. Como se ha comentado antes, la sociedad actual tiene claros los parámetros por los que se diferencia entre algo de provecho y otra cosa no deseable.

Esta regla de tres provoca que, a medida que entremos en la dinámica productiva, más difícil nos resulte descansar -o permitirnos descansar, porque parar y descansar también implica enfrentarse a la idea de no estar siendo suficiente-.

 

Persona descansando en un sofá para ilustrar cómo aprender a descansar sin sentir culpa.

Cómo aprender a descansar sin sentir culpa

Aprender a descansar también se entrena. Descansar no es simplemente “dejar de hacer cosas”, sino una habilidad que, en muchos casos, hay que reaprender.

Algunas estrategias que pueden ayudarte a descansar sin sentir culpa:

  • Cambiar la forma de entender el descanso

No es un premio ni una pérdida de tiempo. Es una necesidad. Sin descanso, el rendimiento y el bienestar disminuyen. Permitirte descansar también es una forma de cuidar tu salud mental.

  • Detectar el diálogo interno

Prestar atención a esos pensamientos que aparecen al parar. No para eliminarlos, sino para entender cuánto nos impiden descansar, poder cuestionarlos y aprender a no dejar que guíen nuestras decisiones.

  • Diferenciar desconectar de distraerse

No todo lo que nos entretiene nos ayuda a descansar. A veces, lo que más necesitamos es algo más simple: pasear, estar en silencio o, simplemente, no hacer nada.

  • Empezar poco a poco

Es normal que parar genere incomodidad si lo hacemos por primera vez de una forma consciente. Se puede empezar con pequeños momentos de descanso e ir aumentándolos poco a poco. 

  • Aceptar la incomodidad inicial

Es probable que al principio aparezca culpa o inquietud. No significa que estés haciendo algo mal, todo lo contrario: estás rompiendo un hábito que has aprendido y mantenido durante años.

Darle al descanso el lugar que merece

Descansar no es un lujo. No es algo opcional que se hace cuando sobra tiempo. Es un requisito para la estabilidad emocional y el bienestar psicológico.

Quizá la clave no esté en eliminar la culpa de golpe, sino en entender de dónde viene. Y poco a poco, empezar a cuestionarla y evitar que nos limite a la hora de hacer lo que realmente necesitamos.

Si sientes que descansar te genera culpa, ansiedad o una sensación constante de no estar haciendo suficiente, puede ser útil explorar de dónde viene esa autoexigencia. En terapia podemos ayudarte a comprender estos patrones y modificarlos para recuperar espacios de descanso en los que la culpa deje de ocupar un lugar tan importante. 

Si quieres dar ese paso, puedes contactar con nosotros aquí. Estaremos encantados de acompañarte.

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Escrito por: Gonzalo Aseguinolaza.

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