La asertividad es una habilidad social que nos permite expresar nuestros sentimientos y necesidades con claridad, teniendo en cuenta nuestros derechos pero también los de los demás. El estilo de comunicación asertivo es el correcto y más beneficioso para nosotros, pero no es el único. En concreto podemos hablar de tres estilos de comunicación: agresivo, pasivo y asertivo.

Estilo agresivo:

Una persona agresiva expresará sus necesidades de forma brusca y sin tener en cuenta la opinión o necesidades de los demás, anteponiendo e imponiendo la suya propia. Aunque la agresividad puede ser útil en ciertos momentos, a la larga una persona agresiva provocará rechazo ante los demás.

Estilo pasivo:

Es el polo contrario. Una persona pasiva es incapaz de expresar lo que necesita o siente, anteponiendo las necesidades de los demás a las suyas e intentando agradar a todo el mundo. Las personas pasivas raramente recibirán rechazo por parte de los demás, ya que es fácil aprovecharse de ellas. Este es el gran riesgo que corren.

Estilo asertivo:

Una persona asertiva será capaz de expresar su opinión libremente, sabrá decir “no” sin sentirse incómodo y no permitirá que los demás se aprovechen de ella.

Las personas asertivas tienen relaciones más sanas, justas y relajadas con las personas que les rodean.  Además, tendrán mayor autoestima y confianza en sí mismas ya que podrán actuar a favor de sus propios intereses sin sentirse culpables ni ocasionar trastorno a los demás por ello.

Pongamos unos ejemplos para entenderlo:

Imagina que estás comiendo en un restaurante. El camarero tarda en traer tu plato y cuando lo hace, la comida está fría. Tú no estás conforme, por lo que:

  1. Le dices al camarero que es un incompetente, que después de esperar te trae mal la comida y que no vas a volver a comer allí.
  2. Te lo comes aunque esté frío. Entiendes que hay mucha gente y no quieres molestar al camarero, que está desbordado.
  3. Llamas al camarero y le dices que la comida está fría, que por favor, te gustaría que te lo calentase.

Ahora imagina que llegas a casa después de un largo día de trabajo, y la cocina está sucia. Tu compañero de piso/hijo/marido o mujer ha estado cocinando y ha dejado todo sin recoger. Tú…

  1. No dices nada. Recoges la cocina para poder hacer la cena, mientras protestas internamente por lo desordenado que es.
  2. Vas a buscarle y le dices que estás harto, que siempre está igual, que es un desordenado/a y que no tiene consideración.
  3. Vas donde está y le dices que cuando deja todo sucio te sientes mal porque crees que no tiene en cuenta tus necesidades y te gustaría que lo tuviera en cuenta y recogiera cuando ensucie.

¿Cuál de estas conductas usas más a menudo? En los dos ejemplos, la conducta ASERTIVA es la C. Como puedes observar, con esa opción expresas tu desagrado y buscas un cambio, sin dañar al otro. Al expresar lo que sientes, la otra persona estará más receptiva y te escuchará.

Si no has elegido la C, ya tienes una idea aproximada de tu estilo de comunicación. El primer paso para mejorar es conocerte a ti mismo.  Y por suerte, la asertividad es una habilidad que se puede aprender y entrenar.

En Psicología Moncloa, tu centro de Psicología en Chamberí,  podemos a ayudarte a ser asertivo y así comunicarte con eficacia. Consúltanos sin compromiso.

 

Escrito por:

Teresa Sánchez Hernández

 

 

 

 

 

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